arantxa isidoro

Una brander* que siempre está escribiendo

Mi vida no es interesante

Foto sillón mostaza

Es posible que esa sea la frase que más escucho cuando empiezo a trabajar una marca personal. Nadie tiene una vida interesante y a la vez todo el mundo la tiene. ¿Qué es una vida interesante?

Pues depende.

Depende de para quién y para qué.

Cuando era pequeña, mi madre nos mandaba a la tienda de Rodrigo a comprar alguna cosa suelta que necesitaba para cocinar. Un paquete de harina, una botella de leche, un paquete de mantequilla… Sí paquete, porque entonces la mantequilla no se vendía en envase de plástico como ahora, sino envuelta en papel que podía ser papel encerado o más tirando a papel plata (lo cuento para los nacidos en los 90, que igual no han conocido este envoltorio).

El caso es que o mi hermana o yo bajábamos a la tienda casi echándolo a suertes o más bien diciéndonos “vas tú, no, tú” hasta que mi madre se hartaba y señalaba a una de las dos. Y es que bajar a la tienda de Rodrigo era poner tu vida en peligro. No sólo porque a la vuelta te podías encontrar que tu madre descubría que traías mal el cambio o que en la bolsa de la compra no había exactamente lo que ella había pedido, que no sé qué era peor, ni qué provocaba más rabia para mi madre y más cara de Poker para nosotras porque nos tocaba bajar a reclamar.

La tienda de Rodrigo era un pequeño comercio de barrio con productos principalmente de alimentación. Un establecimiento de los que atendían tras una barra baja de madera. Tú señalabas con el dedo lo que necesitabas y él se daba la vuelta porque todo estaba almacenado a su espalda. Buscaba entre los estantes hasta dejar sobre el mostrador lo que habías venido a comprar y tú le decías si era eso o no.

Luego hacía la cuenta sumando con la ayuda de boli y papel. Contaba el efectivo que le dabas y te dejaba las vueltas sobre el mostrador. A partir de ahí ¡suerte!

Pues ahí donde lo vemos, Rodrigo que no se caracterizaba por ser especialmente cariñoso, fue viendo crecer su negocio trabajando largas horas cada día. Se modernizó y compró una caja registradora. Adaptó su local para convertirlo en un autoservicio y con el tiempo se unió a una cadena de supermercados y mejoró su humor.

Si le hubiese preguntado a Rodrigo si su vida era interesante, estoy casi segura de que me hubiera dicho que no. Mientras a mí me parece una historia de emprendimiento con mucho valor porque empezó desde abajo, él seguro que afirma que no y es que depende mucho de cómo lo mires y cómo lo cuentes. Con una marca personal potente Rodrigo se hubiera hecho el rey del barrio mucho antes, su vida no sólo hubiera sido interesante sino también divertida y hubiera aportado más a cada persona que pasara por su lado.

El poder de contar una historia es brutal, una parte importante para el trabajo de marca personal. Sólo tienes que poner intención. Siempre tienes que poner intención.

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